Por: Aarón Alva
Después de algunos años desde su última presentación en Lima, el guitarrista peruano Santiago Becerra ofreció un concierto en el Teatro Auditorio de Miraflores el pasado lunes 19 de enero. El músico, quien radica en Lyon, Francia, desde 2014, donde estudió bajo la tutela de Jesús Castro-Balbi, presentó un repertorio variado que incluyó estrenos en el Perú. Entre ellos destacó la Sonata Vortex Silentii, del compositor francés Kilbéric Deltroy, así como arreglos del propio Becerra basados en arias de ópera de Mozart y Donizetti, además de piezas tradicionales peruanas en versiones de Álvaro Lagos.
El recital se abrió con Vortex Silentii (vórtice silencioso), obra de larga duración, fresca y sólida en su concepción, cuyo inicio resulta particularmente singular: un prolongado silencio que invita al público a involucrarse antes de dar paso a un ostinato sereno, sobre el cual se construye un entramado armónico etéreo. En el plano técnico, la obra funciona con solvencia: arpegios y campanelas se despliegan sobre el ostinato, mientras las cuerdas graves al aire aportan color y profundidad a un paisaje sonoro calmo y contemplativo, en sintonía con la propia manera de interpretar de Becerra.
El concierto continuó con Un tiempo fue Itálica famosa, de Joaquín Rodrigo, obra cercana a ciertas técnicas de la escuela flamenca, en la que destacan los rasgueos y las escalas veloces propias del género español. La ejecución fue correcta y limpia, lo cual constituye ya un mérito considerable dada la dificultad técnica de la pieza. No obstante, el carácter enérgico de la obra —y, si se quiere, su impulso casi marcial, inherente a su propio concepto— podría haberse acentuado aún más. Ello no resta valor, por supuesto, al hecho de haberla interpretado en concierto (insistimos en la exigencia de la obra), y cabe añadir que es muy probable que Becerra haya sido quien la estrenara en el Perú, pues también la incluyó en su recital de 2017. Si algún lector puede corroborar o refutar este dato, será bienvenido.
Como tercera pieza, Becerra interpretó la Toccata BWV 914 de Johann Sebastian Bach, obra originalmente escrita para clavecín. Destacaron la excelente conducción de voces y la clara dirección melódica, así como un notable uso de los silencios y los espacios al conectar motivos que, por momentos, parecían improvisados; rasgos propios de una obra de altas exigencias técnico-musicales.
A continuación, el guitarrista ofreció dos arreglos de arias de ópera realizados por él mismo: Un’aura amorosa, de la ópera Così fan tutte de Wolfgang Amadeus Mozart, y Una furtiva lágrima, perteneciente a L’elisir d’amore de Gaetano Donizetti. La interpretación se destacó no solo por el carácter lírico de la melodía principal, sino también por el cuidado del acompañamiento, trabajado con bajos y arpegios acordes al estilo de la época y a la estética de cada compositor.
El programa se cerró con La flor de la canela, de Chabuca Granda; El cóndor pasa, de Daniel Alomía Robles; y Saludo a Paco, pieza compuesta por el recordado y eximio guitarrista peruano Álvaro Lagos, autor también de los arreglos de las dos primeras. Se trata de versiones muy personales de Lagos, exuberantes y frescas desde lo técnico y armónico, que logran una grata integración del sabor peruano con una armonía e instrumentación modernas para su época. Fueron muy bien ejecutadas por Becerra y sus acompañantes: Gustavo Becerra, en el bajo eléctrico; Diego Becerra, en el cajón peruano; y Hann Meléndez, en la guitarra rítmica. Esperemos que pronto podamos contar con versiones en partitura tanto de estas piezas como de los arreglos de arias de ópera, lo cual sería un valioso aporte para la música a nivel global.
Finalmente, luego de largos y merecidos aplausos, el guitarrista obsequió al público una obra solista de Paco de Lucía.
En resumen, un óptimo concierto que deja constancia del crecimiento musical y artístico de Santiago Becerra, guitarrista licenciado por la Universidad Nacional de Música del Perú, a quien deseamos los mayores éxitos en su carrera.
