Katia Oriundo Mora b
Poesía

Edición 15: Poemas de Katia Oriundo Mora

Amor de Temporada

Llegaste cuando los árboles conversaban con el viento desnudo,
como hoja dorada que eligió quedarse entre las grietas de mi corteza;
no prometiste eternidades, solo el calor de un instante fecundo,
y bastó tu voz para despertar una savia que dormía con tristeza
y volviera a subir lenta, transformando lo rudo.

Desde entonces las tardes tuvieron otro acento,
el café dejó de enfriarse entre mis manos distraídas,
las ventanas aprendieron tu nombre en el viento
y hasta el silencio respiraba con pausas más contenidas,
como si el mundo hubiera hallado su propio detenimiento.

Fuiste esa estación improbable que florece sin aviso,
como el primer canto del ave tras la lluvia más sombría,
como toda belleza que llega sin permiso
y se instala en lo cotidiano con tan suave maestría
que uno no sabe cuándo el frío se volvió paraíso.

Pero las estaciones conocen su destino;
un día emprendiste otro camino con discreta serenidad,
como abril que recorre manso su sino,
dejando apenas perfume y una frágil claridad,
el rastro suave de un adiós vespertino.

Hoy guardo tu recuerdo como quien preserva
entre páginas de un libro una hoja seca y detenida:
frágil, silenciosa, pero capaz de que se observe
en su tacto el bosque entero de una tarde ya vivida,
el instante exacto donde el tiempo se reserva.

Tal vez nunca regreses, y está bien así;
hay amores que no necesitan quedarse para ser eternos,
les basta haber florecido una vez dentro de mí
para cambiar, callados y fraternos,
el paisaje entero de lo que soy y fui.

 

 

Bonita

Hay palabras que apenas rozan el aire
y otras que llegan con la fuerza de la lluvia;
la tuya fue distinta, sin par ni compare,
bonita, dijiste, y el espejo en su mengua
olvidó el rostro cansado que yo aprendí a nombrar.

Venía del otoño de árboles que insistían
en sostener hojas secas sobre ramas vencidas,
de caminos cubiertos por polvos que crecían,
y de una esperanza pequeña, casi perdida,
que sobrevivía oculta entre grietas de días.

Apareciste entonces, no con el estruendo
de las certezas que imponen su propio ruido,
sino con la calma del primer brote que, naciendo,
nadie espera sobre un árbol ya rendido;
tu voz no cambió el mundo, cambió cómo lo entiendo.

Desde ese instante la sombra dejó de ser abrigo,
los surcos de mi piel aprendieron que la tierra herida
también florece cuando encuentra el cobijo,
y la neblina, antes muro de la vida,
se volvió agua y travesía y testigo.

Hoy sé que la belleza no habita solo en el espejo;
a veces vive en una palabra dicha con ternura,
en una mirada que no busca el reflejo
de cicatrices, sino que en su transparencia perdura
y deja crecer primaveras sin saberlo, a lo lejos.

Por eso, cuando el otoño vuelva a visitarme,
ya no vendrá a deshabitarme ni a borrar lo vivido;
llevaré su palabra para seguir nombrándome,
aquella voz sencilla que desde lo más hondo ha florecido:
bonita, que es decir: he regresado a mí.

 

 

 

 


 

Katia Oriundo Mora

(Ayacucho) es artista visual y educadora peruana. Es magíster y doctora en Educación y actualmente se desempeña como docente de Educación Artística en la Escuela Superior de Formación Artística “Felipe Guaman Poma de Ayala” de Ayacucho. Desarrolla su práctica artística en pintura, grabado y dibujo, explorando materiales y técnicas desde una mirada contemporánea vinculada a su identidad cultural. En 2025 obtuvo el primer premio Horacio Zeballos Gámez en la categoría de Artes Visuales. Integra el colectivo Warmi Digital y ha participado en exposiciones colectivas e individuales, consolidando una trayectoria que articula la investigación educativa con la creación artística.

 

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https://cuentaartes.org/edicion-15-legados/

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