Los hijos no recuerdan a la madre, a la que teje sus días con dedos que ya duelen, porque las cuerdas no cesan de tensarse, porque las lanzaderas de los telares no paran de golpear. ¿Lo escuchan? ¿Esa...
A mis mejores amigas y a mi novia, voz de mi respiro, por enseñarme el valor, las espinas, la prudencia y la sencillez de la palabra. En mi cuarto una avecita cayó como un invitado del socorr...