La Odisea 2
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Crítica de «La Odisea»

Por Mijail Otárola Bravo

Con La Odisea confirmé mi sospecha de que Nolan siempre se desenvuelve mejor con la tecnología, con lo moderno: su imaginario se desenvuelve con facilidad a la hora de crear grandes imágenes ligadas a lo científico, y ya lo sospechaba en The Prestige, pues ahí se extrañaba. Sin embargo, sería mentir decir que The Odyssey no tiene las mejores imágenes no científicas en la filmografía del director: plasma con éxito los elementos fantásticos de la mayoría de los cantos más icónicos de Homero, entre los más llamativos estarían las ya aclamadas secuencias con Polifemo y con Circe, pero también está el Hades y Escila, y también vale mencionar que Nolan ya aprendió (tras las lamentables coreografías de Batman Begins) a dirigir escenas de combate a pequeña y a gran escala, siendo la entrada a Troya otra grandísima escena y quizá una de las mejores logradas de la cinta. Es una adaptación bastante fiel (como si fuera esencial), aunque tiene pequeños cambios y uno no tan pequeño relacionado con el rol de Calipso, que a lo mejor moleste a los puristas, pero eso es quizá porque no se atreven a analizar mejor un análisis de la intermedialidad entre obras.

Y claro que es espectacular, al menos por momentos, pues no solo le pesan un poco sus tres horas de duración, sino que incluso sus mejores momentos se ven afectados por fallas mucho más concretas, y ninguna de ellas es tan grave como su montaje. Podría jurar que ví jump cuts, pero dejando de lado esa posible falsa percepción, esto tiene varios momentos de desorden, incluyendo secuencias ya míticas como las del cíclope. Y uno creería que podría ser por la dificultad de rodar escenas con tanto (maravilloso) efecto práctico, pero es que incluso en las conversaciones cambia de planos de manera inentendible. No solo eso: si la estructura (del relato) en Dunkirk les parecía caprichoso, espérense a ver las idas y venidas de acá, conté un par que están bien empalmadas, pero de ahí todo le da una irregularidad extrañísima al relato, relacionado con su cambio más importante (el de Calipso), lo que me hacía pensar por qué no lo cambió aún más para ser más depurado y preciso. Y volviendo con lo de grandes escenas viéndose afectadas por incapacidades del director: en la tremenda secuencia de Circe está la exposición marca de la casa (o debería decir «mansión»)  Nolan, pero ese no es el problema, el problema es que es subrayado. A eso hay que sumarle que, pese a los atrevimientos violentos que tiene el director, se queda bastante corto a la hora de narrar la crudeza de aquella guerra, amparándose en la exposición justo cuando se tratan de los detalles más atrevidos (la «convivencia» en el dichoso caballo).

No diría que a nivel ontológico La Odisea de Homero no se relacione con el cine de Nolan (después de todo, ahí tenemos su obra cumbre: Interstellar, una odisea del espacio), pero la manera en que lo aborda aquí (pues no hizo los cambios suficientes para hacer de esta una película más suya) realmente crea cierta distancia con los personajes: vamos, Nolan trabaja en un esquema convencional en el que sus personajes no son complejos (quizá Oppenheimer y Leonard [este último de Memento] sean la excepción), por lo que debería procurar que nos identifiquemos con sus puntos de vista, pero como también sucedía en otras de sus grandes películas (Bruce Wayne en The Dark Knight y los soldados en Dunkirk), sus personajes principales aquí tampoco son estimulantes, pero al menos aquellas películas contaban con la dosis necesaria de espectacularidad cinematográfica, cosa que acá ya mencioné por qué creo que no están a la altura; y por los increíbles personajes (base) que tiene el relato, termina siendo algo decepcionante que nos acongojen solo secuencias pequeñas (e inherentemente acongojantes) como las de Eumeo y Argos, y no las más esperadas.

Y luego está la «actualización» en el mensaje antibelicista (a pesar de que carece del humanismo de contexto bélico con el que contaba la Ilíada, por ejemplo) que, por torpeza, se siente más impostado que otra cosa. Nunca la llamaría mala película ni mucho menos aburrida, pues Nolan es Nolan, pero de largo me parece una de sus películas más fallidas, pese a tener aspectos que directamente son una obra maestra por sí mismos: pienso en el alucinante score de Ludwig Göransson, quien hace milagros usando sonidos de la época de forma perfectamente contemporánea, o en la fisicidad de varias de sus escenas, destacando los remos en violentas tormentas causadas por la furia de Poseidón. Y además, tiene un reparto de lujo, aunque ninguno da una interpretación impresionante, considerando sus rangos. Mientras menos hablemos del formato, mejor, que Nolan no es ningún prodigio de la composición del plano, así que verla en la sala de cine en que puedan, con tal que sea grande, pues aunque nos falle un poco, su cine maduró de manera que cada una de sus películas desde The Dark Knight siempre nos poseen grandes imágenes tanto a nivel visual como conceptual.

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