Por: César Joao Urviola Ipanaqué
“No quisiera, yo morirme sin tener algo contigo”
Una vez más “El lado oscuro del Corazón”. Esta película que casi se ha convertido en un ícono del cine latinoamericano noventero, (debo aceptarlo) aparece y desaparece en mis aspiraciones de pasar un sábado por la tarde viendo una película que me “empile” (verbo creado heroicamente en estos desiertos limeños y que cada vez se utiliza menos) para adentrarme en la noche de Lima. Considero que desde el artista posero al estudiante de literatura, del aspirante a poeta al crítico punk, han tenido algún punto que rescatar de esta película, ya sea: La historia de la película, los diálogos, la estética visual, la iluminación, algún personaje, los escenarios, algún poema de Girondo, la presencia de Mario Benedetti y Juan Gelman (o bien para alabarlos o para criticarlo), o las esculturas de penes, uno de ellos haciendo verticales paralelas con el Obelisco de la avenida Nueve de Julio en Buenos Aires.
Ver esta película con los ojos del año 1992 o 2026 es detectar el paso del tiempo, ese que normalmente es fácil notarlo en los demás pero muy difícil notarlo en uno mismo; por ejemplo las posiciones de algunos colectivos actuales y algunos millenials dirán que la poesía ya no se escribe en libros, que para eso ahora están las redes sociales y los tuits o la posibilidad de convertirse en youtuber (para chuparse su propio ego como los gatos acicalándose). Otros simplemente dirán que esta película es un dinosaurio a pesar de haberse estrenado en 1992. Quizá 34 años sean en estos tiempos recientes, la cantidad necesaria para convertir algo o alguien en antiguo, viejo o “de culto” como ya se considera a “El lado oscuro del Corazón”.
Partamos diciendo que, en la película a pesar de que no muestra una postura política explícita, salvo la crítica a la dictadura militar en el Uruguay, las imágenes del contexto social del inicio de los años noventa y la crisis económica son consideradas solo como un marco temporal para la realización de la historia. Si notamos la crítica permanente a manera visual, los noticieros, la gente pidiendo limosna en las avenidas, la crítica constante a la situación actual del artista dentro de la sociedad, y el esfuerzo de la sociedad por convencerlo de estandarizarse al molde establecido.
Esta película al estrenarse fue atractiva no solo por la polémica que la rodeó en su nominación al Oscar versus “Un lugar en el mundo” de Aristarain (que daría para otro artículo, ya sea por la participación de Federico Luppi y más aún por la trama en si misma) sino por los temas que se pueden derivar de ella, estos aspectos la hacen seductora hasta el día de hoy:
- Una “muerte femenina” que aparece y desaparece en la vida de Oliverio, formándose así la contradicción eterna de la vida frente a la muerte; y más aún la metáfora que encarna esta lucha durante la película es la vida como cansancio, apatía, adormecimiento, y finalmente adaptarse al sistema imperante. Es interesante como Oliverio acusa a la muerte de ser “una muerte subdesarrollada” una muerte agobiada por el existencialismo, quizá sea este un guiño al personaje de la muerte en la película “Séptimo sello” de Bergman.
Siguiendo con la relación de estos dos personajes: Oliverio y la muerte, considero que viene reforzada por ser la muerte una mujer y el poeta un hombre, se siente por tanto la natural tensión ya sea por amor u atracción sexual entre ambos. Esto lo veremos más claramente al final de la película cuando el poeta ve en el bar a la muerte convertida en una mujer cotidiana, y recita unos versos de Mario Benedetti que son contestados por la muerte (ahora condenada a la vida), es el triunfo presagiado por Oliverio: “el poeta que venció a la muerte” a diferencia de “Séptimo sello” o “La última noche de Boris Grushenko” del magnífico Woody Allen.
- La relación entre el poeta y la prostituta a pesar de ser un Cliché o tópico reiteradamente utilizado en la literatura y el cine, tiene un tratamiento interesante que precisamente la amada sea una prostituta y no importe mucho, hasta se puede llegar a querer ciertos aspectos de la relación y la condición en la cual se conocen y se enamoran. El final de la relación, dejando la felicidad a un lado y llegando a la separación, es el mejor final que pudieron tener para romper con el Cliché del poeta o artista que deja a la prostituta redimida y la saca de ese “vil oficio”. La figura metafórica de encontrar a la mujer que vuela, se transforma en realidad no solo por llegar a volar sexualmente con ella (dentro de ello los vínculos de amor) sino por la libertad misma que encarna el vuelo, el vuelo que pone fin a la relación.
- Lo cursi y rosa de la película se ve bien nivelada por la poesía, la muerte, los cabarets, la bohemia y la lucha del poeta por encontrar un lugar en la deshumanización reflejada en la escena del televisor y las noticias.
Los cabarets, bares y la bohemia son consustanciales al mundo artístico reflejado en la literatura y en el cine y demás vertientes del arte a través de los años. En esta película también las encontramos reflejados en un cabaret con una estructura que podría ser encontrada también en otras ciudades latinoamericanas y por ende también en Lima (los que hemos podido entrar a algún sótano de los edificios del centro de Lima podremos entenderlo). Además, aparece la bohemia de amigos que se entrelazan en conversaciones artísticas y críticas acompañados por alcohol, que refleja, si bien es cierto no a todo ámbito de escritores o artistas si a un gran sector de estos que encuentra en los bares o cantinas el lugar para conversar, debatir o pelear.
- Nota aparte es la música de esta película: Desde lo envolvente de las melodías tangueras, hasta las canciones que aparecen en ella. Como es lógico entender, no podría haberse colocado una bachata o salsa para esta película, y no solo por ser ambientada en Argentina y Uruguay, sino por las características de los lugares. El Bolero “algo contigo” tantas veces cantada, con tantos arreglos y hasta modernizada, cobra en la voz de María Martha Serra Lima y Los Panchos una bohemia antigua de años pasados con luces tenues. El “Cabaret Sefini” es el mejor lugar para enmarcar esta canción y con el encuentro del poeta con la “amada” se convierte en el himno de la película tanto así que termina por cerrar la misma. Las calles oscuras que rodean al Cabaret dan la sensación de que uno mismo como espectador conocer el lugar, de que en cualquier ciudad puede estar ubicado ese Cabaret y podemos entrar en él.
- Un elemento interesante es la utilización de colores y ambientes fríos de los exteriores que rodean las calles en comparación a lo cálido del Cabaret. El color gris y la presencia del agua (lluvia, rio, papeles mojados, poema “llorar a lagrima viva”, etc) son una constante en esta película, es el agua la constante que va limpiando o asentando, empozando los sentimientos: El rio de la Plata casi detenido al momento que el Poeta piensa en su amada y viceversa (el amor que esta detenido dentro de él y de ella). El final con el agua bajando por las escaleras luego de que el poeta se queda solo y “la que vuela” se va, refleja exactamente el agua llevándose a la persona, el agua arrasando todo lo vivido, dejando solo el recuerdo, o como diría Cesar Vallejo en Los Heraldos Negros: “un charco de culpa en la mirada”.
Por último, solo puedo agregar que “El lado oscuro del Corazón” es una película que precisamente se queda dentro de la quinta palabra de su título, ya sea por nostalgia, cariño, aprecio artístico, por el argumento, por los diálogos, por los personajes, por la música o por la poesía. Es una película que debemos ver dentro del buen cine latinoamericano. Pero también para algunos, como a mí, quedará esta película como el recuerdo de un sueño que alguna vez se tuvo, ese de vivir siendo poeta; y que ahora sólo va quedando el intento de vivir, quizá por instantes poéticamente, rozando por pequeños segundos siquiera la sombra de ese éxtasis poético que quema (Recordando la genial frase del escritor chileno Roberto Bolaño cortada vilmente por mi)[1].
[1] Entrevista al escritor Chileno Roberto Bolaño en el programa televisivo “La belleza del pensar” https://www.youtube.com/watch?v=4opmK0SO-J8
César Joao Urviola Ipanaqué
(Lima, 1987) Cuento con dos carreras profesionales: Abogado y Licenciado en filosofía y con el grado de Magister en Gestión Pública. Soy docente universitario y servidor público. He publicado un libro de cuentos: “Amor, familia y otros fracasos” y diversos poemas y cuentos en antologías a nivel internacional: Chile, España, México y Perú. Ganador del premio Internacional de poesía organizado por el Instituto Cultural Iberoamericano (Madrid 2021). Actualmente he terminado de escribir una novela y un libro de cuentos que espero publicar este año 2026.
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