Alexei Volodin
Reseñas

Alexei Volodin: lirismo y poética musical

El último viernes 5 de septiembre asistimos al concierto del pianista ruso Alexei Volodin, acompañado por la Orquesta Filarmónica Teresa Quesada bajo la dirección del maestro Pablo Sabat. El evento, realizado en el Teatro Municipal de Lima, reunió a un numeroso público que disfrutó de una velada plena y emotiva.

Como primer número, la orquesta interpretó la Sinfonía n.º 40 en sol menor, K. 550, de Wolfgang Amadeus Mozart, una de las obras más célebres del compositor austríaco. Su lenguaje refleja, en parte, el tránsito de la época clásica a la romántica mediante exploraciones armónicas y melódicas que resultaron novedosas en su tiempo.

Dividida en cuatro movimientos, la sinfonía destaca por su carácter dramático y, en ocasiones, angustioso, que parece aludir a las dificultades personales de un Mozart de 32 años, cuya situación económica y social se encontraba entonces en declive. Cabe recordar que esta obra no fue fruto de un encargo, sino que fue compuesta por iniciativa del propio compositor, lo que permite apreciar con mayor claridad su estado emocional: intenso y preocupado, aunque con destellos de esperanza introspectiva, particularmente en el segundo movimiento. La orquesta ofreció una interpretación correcta y de buen balance.

Tras el intermedio llegó la presentación de Alexei Volodin, un artista plenamente consolidado a sus 48 años, quien interpretó el Concierto para piano n.º 2 en si bemol mayor, Op. 83, de Johannes Brahms. A pesar de ser una obra de enorme dificultad técnica, la presencia de Volodin destacó por su lirismo y por una poética musical cuidadosamente elaborada.

Este concierto, monumental y diverso en carácter, alterna momentos de gran dramatismo con pasajes de íntima ternura y culmina con un aire luminoso y triunfal. El piano y la orquesta dialogan en una atmósfera de vitalidad propia de la madurez musical de un Brahms ya consagrado. En ese espíritu, la interpretación de Volodin potenció la de la orquesta, y juntos ofrecieron al público una experiencia honesta y cercana, que no buscaba el aplauso inmediato, sino invitar a los oyentes a compartir un viaje emocional destilado de la esencia misma de la música de Brahms.

Los gestos del pianista, e incluso su respiración entre frases (estábamos ubicados a escasos tres metros de él), denotaron un control maestro y, al mismo tiempo, natural.

Después de recibir prolongados aplausos, Volodin regaló al público un par de piezas breves que confirmaron su lirismo y su expresividad musical. Un deleite absoluto.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.