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Cuentos

Cuento «En las puertas del olvido» de Wilmer Mejía en la edición 12

Por : Wilmer Mejía Carrión

No me importa el toque de queda, hoy en la noche pasearé a la luz de la luna para tener cosas dignas de recordar del último día de mi vida- pensó Braulio mientras sentía el abrasante sol del mediodía en la azotea de su casa – de un verano que estaba a punto de irse-.  En medio de una pandemia donde la existencia no era más que una serie de días sin rumbo, los meses de encierro más que un apocalipsis le parecía una especie de purgatorio. – Días iguales, escenas iguales; hastío eterno –pensó mientras sonaba “Gaspar de la nuit” de Ravel, -una de sus piezas de piano favoritas- en su ochentera radio mientras miraba sus viejas fotografías.

Un baúl lleno de álbumes de fotos era lo único que poseía de aquellos años gloriosos. – Cuando Mangomarca era sano – se dijo. El viejo fiscal jubilado recordaba gracias a esas fotos, los bailes organizados en su casa, los cumpleaños de sus dos hijos -ahora en el extranjero- su ascenso a fiscal y su aceptación en la Academia Peruana de la Lengua Española.

El típico sonido del piano inundó el cuarto. Después de escuchar la primera parte de aquella pieza musical cambió de estación, en aquel radio no tan viejo como él-. Se quedó dormido escuchando “Las Puertas del Olvido” de los Iracundos.

Al despertar casi a la medianoche, se dirigió desde Mangomarca, bajando por la Av. Santuario hasta llegar a Gran Chimú, al reservorio de la atarjea. – Es lo más cercano al lago Titicaca se dijo, sonriendo un poco-

 Horas más tarde, cerca de las seis de la mañana,  uno de los trabajadores de SEDAPAL encontró un muerto, no tenía signos de violencia, sus cosas estaban completas, y su rostro pálido parecía sereno; y hasta un poco triste. -No fue un robo, tampoco una venganza – dijo un policía a su compañero- Vino la fiscalía para hacer el levantamiento del cadáver, ya en la morgue, después de la autopsia, los médicos forenses al llenar el formulario de rutina, escribieron la causa del deceso: Paro cardiaco a causa de un golpe de tedio perpetuo.

 

Wilmer Mejía Carrion (1981)

Licenciado en Antropología por la Universidad Nacional Federico Villarreal. Miembro del Instituto Cultural Ruricancho. Su trabajo está enfocado en la investigación social, a través de la etnografía -especialmente en el ámbito educativo- y la difusión del conocimiento de la historia y patrimonio cultural del distrito de San Juan de Lurigancho. Tiene tres libros publicados. Dos de ellos: «¿Por qué no apreciamos el patrimonio cultural? El caso del A.H Canto Chico» y «Historia al margen. Historia del A.H Canto Chico, en co-autoría con el profesor José Arenales Solís; son sobre difusión histórica y patrimonial. Mientras que el último: «Solo para pitucos» es un libro de cuentos. Desde temprana edad mostró especial interés por la literatura, especialmente por la narrativa. La mayoría de sus cuentos tienen como escenario San Juan de Lurigancho.

 

 

Visualiza su obra en la edición N° 12- Encuentros (Agosto-2025)

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