Virtuosismo frente al caos politico una noche con Ehnes y Minasi
Reseñas

Virtuosismo frente al caos político: una noche con Ehnes y Minasi

El último jueves 09 de octubre, el Teatro Municipal de Lima recibió a la orquesta Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, dirigida por Riccardo Minasi, junto al violinista canadiense James Ehnes, dos veces ganador del premio Grammy. El público limeño presenció un concierto de primer nivel artístico en un día que será recordado no solo por dicho evento, sino también por el agitado panorama político.

El programa inició con la Obertura en Do Mayor, Op. 170 de Franz Schubert, y reveló a una orquesta muy segura y precisa en su interpretación. A pesar de contar con partituras guía, los músicos conocían la música prácticamente de memoria, lo cual se apreciaba en sus gestos y en la naturalidad de los matices y sobre todo en la posta que cada instrumento cedía durante el fraseo. De hecho, el director Minasi no contaba con partitura ni con la clásica batuta, pues dirigir con sus propias manos le permitía realizar movimientos poco usuales en la dirección, cargados de una poética, diríase, personal, en conexión con la música. Por supuesto, esto era posible gracias al carácter enérgico y lírico de la pieza, más aún tratándose de un compositor como Schubert, conocido principalmente por su sensibilidad “cantábile”.

Enseguida, James Ehnes interpretó el Concierto para violín en re mayor, op. 61, de Ludwig van Beethoven, una pieza enérgica, pero distante de aquel carácter angustioso y tormentoso de otras obras del compositor. El diálogo entre solista y orquesta es más bien sereno, receptivo, basado en la escucha y el avance conjunto más que en la confrontación. Claro está que en las cadenzas (episodios solistas) se apreció la maestría de Ehnes, dotado de un virtuosismo, diríase, potente, a la vez que sereno y milimétrico, siempre puesto al servicio de la música.

Conviene recordar que, en su versión original, el Concierto en Re Mayor no contó con una cadenza escrita por el propio Beethoven; el compositor solo añadiría una más tarde, pero para su transcripción para piano y orquesta. Alguna vez leí que Beethoven nunca habría estado del todo conforme con las cadenzas que los violinistas de su época añadían a sus conciertos, por lo que no resulta extraño aquel gesto. Durante esta función se dio un hecho anecdótico: apenas terminado el primer movimiento, el director Minasi esperó a que un último grupo de asistentes ocupara sus butacas y, entre bromas y verdades, dijo estar al tanto de la hora y del tránsito en la ciudad, que a esa hora estaba muy congestionada debido al episodio político que se cocinaba en el Congreso de la República. El público acogió el comentario entre risas, y la velada siguió su curso en un clima cordial. Como piezas de regalo, James Ehnes interpretó una sonata contemporánea para violín y se despidió con música de Bach. Buen equilibrio de épocas musicales.

El concierto concluyó con la Sinfonía n.º 4 en La mayor, op. 90 de Felix Mendelssohn, conocida como “Italiana”, una obra festiva, con pasajes románticos y también danzantes, que se hermanan con aquel espíritu optimista y placentero presente en buena parte de su creación musical. Nuevamente, como en casi todo el programa, la orquesta y el director Minasi lograron una unidad artística ejemplar, propia de un elenco de nivel A1. De obsequio final, los músicos interpretaron un pequeño fragmento del Sueño de una noche de verano, también de Felix Mendelssohn.

En resumen, un gran concierto a nivel artístico musical. Sin embargo, un hecho llamó mi atención: y es que en ningún momento del espectáculo el público aplaudió de pie, como sí ocurrió en eventos previos de música clásica (Yuja Wang, Alexei Volodin). Personalmente, no creo que se haya debido a un “menor” nivel musical (el teatro estaba lleno), sino quizá a los ánimos políticos que, estoy casi seguro, merodeaban la mente del público. Y, bueno, no era para menos. Minutos después de finalizada la función, ya teníamos nuevo presidente, y no por elección popular.

No obstante, considero una curiosa casualidad el contenido del programa ofrecido por los músicos en relación a la coyuntura: las tres obras presentadas traían un carácter más bien amable, alegre (no con esa carga de angustia de otras de Beethoven, como dijimos), sino más bien, como ofreciendo al público una luz de optimismo sonoro frente al difícil panorama sociopolítico. Desde Cuenta Artes, esperemos que las cosas mejoren, y que el arte siga ahí para recordarnos que así puede ser.

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