entrevista al escritor argentino Mariano Catoni por Alvaro Javier Marrocco web
Entrevistas

Mariano Catoni, entre premios y sombras: la apuesta por el silencio

Premios, distinciones, menciones y accésits forman parte de un pasado cercano para el escritor rosarino, radicado en Palafolls (Barcelona). Conversamos sobre el lado B de los concursos literarios, sobre su startup Ytulibro.com y sobre la idea de ser reconocido en un mundo tan agreste como el literario, donde el silencio y el anonimato no suelen ser la norma.

Por Álvaro Javier Marrocco

En 1997 se publicó Llamadas telefónicas, del escritor chileno Roberto Bolaño. Entre sus cuentos memorables aparece Sensini, la historia de un joven aspirante a escritor, radicado en España, que obtiene una mención en un concurso literario de provincias. Allí descubre que Luis Antonio Sensini, un escritor argentino consagrado al que admira, también participó en ese certamen menor y recibió la misma distinción.

Bolaño contó en varias entrevistas que por entonces atravesaba una situación económica desesperante, al borde del suicidio. Esa mención —y el descubrimiento de que uno de sus autores favoritos, Antonio Di Benedetto (Sensini), exiliado en España, había pasado por el mismo concurso— no solo le dio alivio material, sino que dio inicio a una relación epistolar que luego se transformó en cuento.

“A mí la escritura me trajo a España”.

Mariano Catoni (Rosario, Argentina, 1981) vive en Palafolls, un pequeño pueblo de montaña a cinco kilómetros de Blanes, donde residió Roberto Bolaño. Educación cívica, respeto por la convivencia, orden. Nada fuera de lugar. Dos bocinazos bastan para que se abra una ventana y se escuche un si us plau. Se vive sin sobresaltos: todo funciona.

Tiene redes sociales, aunque casi no las usa; prefiere el correo electrónico. En X se define como “escritor y periodista metódico. Rimbombante padre de familia. Afanoso lector. Amigo de los adjetivos”. En Facebook hay fotos entre 2009 y 2014. En la mayoría de las menciones digitales, su nombre aparece asociado a premios y reconocimientos obtenidos en concursos, sobre todo en España.

Estudió Letras en la Universidad Nacional de Rosario, carrera que abandonó. Luego asistió a un taller literario coordinado por Cristina Lescano, donde aprendió a leer estrategias narrativas de autores consagrados. Más tarde cursó periodismo en el ISET Nº 18, experiencia que le aportó herramientas para pensar la realidad con mirada crítica. Dejó el periodismo: “Tenía la manía de colorear demasiado la realidad y terminaba desvirtuando cualquier noticia”.

Hoy, con 44 años, es padre de Oliver y reparte su tiempo entre Ytulibro.com, donde edita, corrige y diseña textos junto a un equipo de colegas; la música, que lo tiene absorbido en este último tiempo; y la crianza. Recuerda:

“Cuando era joven empecé a ganar concursos con cuentos que mandaba. Vine a España a recibir dos premios de novela juntos; me enviaron el pasaje. Estaba en la gloria. Con veintipico de años, todo parecía fácil. Era mucha plata: el peso argentino estaba tan devaluado que no sabía qué hacer con la guita. Pensé que la vida era así”.

Premios literarios españoles. El sueño húmedo de los escritores sudamericanos

Como en Sensini, Catoni admite que no siempre fue él quien enviaba los textos. Su padre también lo hacía. “El rompebolas de mi viejo”, dice entre risas. Mandaba cuentos sin avisarle. Hoy lo entiende: “Si no fuera por él, quizá no hubiera ganado nada”.

En 2009 lo llamaron de España para informarle que había ganado el IX Premio Internacional Tierra de Monegros por el relato Polémica de la vida y un gol, dotado con 2.000 euros. Al atender el teléfono respondió: “Ese relato no lo escribí yo”. Le describieron el argumento. Sí, era suyo. Pero con otro título. Llamó al padre:

—¿Mandaste un cuento de fútbol a un concurso?

—Sí. Me llamaron para decirme que gané.

El padre había cambiado el título: “Era muy largo, no te iban a dar ningún premio”. Catoni no reprocha nada: “Fue un acto de amor, con picardía. ¿Sabés lo que es que tu familia te apoye en una profesión tan poco prometedora como escribir ficción? ¿Cómo no voy a perdonar un título cambiado? Encima me funciona como anécdota”.

Ese mismo año ganó el XXIX Premio Felipe Trigo con Ni diez kilómetros de paternidad. Dijo entonces que le cambió la vida. El premio le permitió conocer España y firmar contrato con la agencia literaria LiteralRights, dirigida por Lidia Bayona. “Se abrieron muchas puertas”.

Publicó libros de cuentos como El acróbata de plastilina, Felipe Flap, Cante, Virginia cante, La mala idea y Los otros nosotros. En novela: Las dos hermanas, Máximas para un niño, La rebelión de los románticos, Un montón de plumas, Sin gloria morir y El hombre que tocaba con soñar el piano. Sus obras recibieron premios y distinciones en Argentina y España.

En 2018 obtuvo un accésit en el Concurso Gabriel Aresti de Bilbao por El caso del niño basura. Otra vez, el envío fue obra del padre. Allí conoció a la viuda de Blas de Otero. “Le recité un poema. Terminamos intercambiando teléfonos para llamarnos en los cumpleaños”.

Sin gloria morir

Ganadora del XIV Premio de Novela Breve Salvador García Aguilar, fue publicada en España, Estados Unidos y Rosario. La novela imagina un escenario posapocalíptico en la provincia de Buenos Aires, donde un nuevo “Governator” instaura la pena de muerte por plebiscito y convierte las ejecuciones en un reality show. Con tono satírico, cuestiona las salidas de mano dura, el consumo de la violencia y la fe en salvadores políticos. En una Argentina atravesada por pantallas y discursos securitarios, la novela resulta inquietante.

Ytulibro.com

Catoni fundó Ytulibro en 2014. Empezó ofreciendo corrección literaria y tutorías. Luego armó un equipo internacional. “Viví lo que era ir al correo con cuatro novelas encuadernadas. Era caro. Hoy imprimimos, encuadernamos y enviamos desde España. Es más accesible y amplía oportunidades para autores latinoamericanos”.

Escribir cuentos o matar a García Márquez

La literatura latinoamericana sigue siendo bien recibida en España por su frescura y diversidad. García Márquez dejó algo más que una obra: un sello de confianza. Catoni lo resume en uno de sus talleres: “Escribir ficción es mentir bien en el momento justo”.

Ser un escritor reconocido es una farsa

“Me hacía ilusión cuando era joven. Después entendí que era una trampa del ego. Haber pasado por eso me permitió escribir con libertad. Hoy me interesa hablar de la experiencia y de las técnicas. Para mí, escribir es llegar a un punto donde el lenguaje deja de importar porque aparece el silencio”.

 

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