Lucrecia Matnez Peressi w
Cuentos

Cuento «Miraclès» de Lucrecia Matnez Peressi

Miraclès es un compendio de relatos conectados a la órbita de lo inconsciente, basados en material onírico. Una llave hacia el interior que despierta la magia de lo que estaba oculto.

 

Relatos de Suspenso: Las Estatuas

Estoy con dos mujeres desconocidas en el delta del Tigre. Nos detenemos un momento, debemos esperar y decidimos permanecer en la vereda. Frente a nosotras se levanta una casa que llama la atención, parece estar abandonada. Advierto el estado en el cual se encuentra la propiedad, y pienso en voz alta: “¡Qué descuido, dejaron caer parte de la casa!” La esquina del alero se había derrumbado, su estructura interior se derramaba sobre el lateral derecho del piso. Observo mejor el entorno, noto que es pequeño pero agradable, y sugiero a las mujeres: “Entremos para ver mejor. Parece que no está habitada”. Ingresamos por una ventana amplia que da al jardincito del frente donde está el alero arrumbado. El living está envuelto en una suave penumbra que le otorga una atmósfera misteriosa. A pesar de la escasa luz se puede distinguir que los muebles pertenecen a otra época. Al incorporarme y mirar con detenimiento me invade una emoción y exclamo: “¡Me encantaría vivir en un sitio como este! Tiene parquet como mi casa y el living es muy bello” Continuamos recorriendo el lugar, nos desplazamos hacia la parte trasera y al llegar a la cocina, comento: “¡Qué extraño! La casa permanece completamente amueblada, como si aún estuviese habitada” A pesar de lo inusual de la situación avanzamos atravesando la cocina hasta que llegamos al fondo.  Desde la puerta trasera se puede observar un hermoso patio ajardinado -todo es pequeño- y, al otro lado del parque, un edificio con varias puertas donde se alinean los baños. Detrás de esa estructura encontramos el baño principal, revestido por completo de azulejos celestes, nos conmueve el peculiar olor que proviene de allí y una de las chicas exclama: “¡Qué olor fétido!” En el ala izquierda del jardín hallamos una serie de esculturas. Representan figuras de personas adultas adoptando una posición fetal. Es llamativo que cada una de las figuras sostiene a un niño, al cual le cubre los ojos con sus manos. Hay varias de esas estatuas dispuestas en semicírculo sobre el césped y no podemos comprender bien si es que son personas muertas o si realmente se trata de esculturas. Al principio son simples tallas, pero al observar mejor parecieran cobrar vida, y es ese el olor fétido tan particular que impregna el ambiente y lo llena de misterio y desconcierto, como si algo profano durmiese en esos espectros. Una de las mujeres interrumpe el silencio: “¡Salgamos de acá!” Otra de las chicas descubre que arriba hay un piso más que no habíamos explorado, quiere verlo y sube las escaleras angostas rápidamente. Me contagia su curiosidad y la acompaño. El piso de la planta alta está sobre la cocina donde hay un cuarto. Nos asomamos y nos sorprende ver allí a un hombre gordo. Está sentado en una atmósfera enrarecida, silenciosa y levemente iluminada. Al sentirnos afectadas, exclamamos: “¡No sabíamos que había gente! Pensábamos que este lugar estaba despoblado, entramos para recorrerlo, sólo queríamos mirar”. El hombre porta una actitud extraña y advertimos que algo malo podría sucedernos, que tenemos que salir urgente de allí. Nos quieren atrapar; comprendemos que en ese lugar aprisionan a los niños y los embalsaman.  Se nos dificulta huir porque la casa es pequeña y resulta incómodo movernos en medio del peligro. Sentimos miedo. Salimos rápidamente y subimos al coche, que también es chico, pero debemos irnos. Nos aseguramos de estar las tres, porque anteriormente veníamos escapando. Había un peligro.

Relatos de Suspenso: El Estanque

Estoy en un organismo público, debo conseguir un permiso especial. Hay algunas personas conocidas, pero no me ayudan y tengo que hacerlo sola. No recuerdo bien el propósito de la diligencia, aparentemente sería una documentación importante para avanzar con un trámite. Una mujer que tiene ciertos poderes para curar o para transformar la realidad -es una maga- vive en un lugar donde no pueden alcanzarla. Su morada se encuentra alejada de todo, y desde allí ayuda a alguien más con su magia, con su poder. Como nunca se mueve de ese sitio, nadie puede llegar a ella para destruirla. Otra hechicera, invadida por la maldad y la impotencia, descubre una manera de acercarse con el fin de hacerle daño. Envía la baba de una rana venenosa para que se reproduzca en el estanque de aguas puras ubicado en el patio central de la infranqueable ciudadela. La deposita en los bordes de un puente que rodea su fortaleza para que pueda abatirla sin que se dé cuenta. Esa baba llega en una hoja seca por el agua de la alcantarilla con la intención de que la rana venenosa se reproduzca. Ella no advierte lo sucedido, está ocupada. Empieza a circular la hoja seca en su estanque de piedra, y cuando la maga se acerca para refrescarse en sus aguas, súbitamente aparece una mujer y la atrapa desde atrás. Le sostiene las manos impidiéndole defenderse, mientras otra mujer intenta sacarle el poder que está en su cinturón de trenzas rojas y blancas que sujetan contra su cintura unas velas largas.  Una mujer agarra sus manos por detrás, mientras que otra le roba los poderes cortando con violencia las trenzas que amarran el ancho cinturón. Le sacan las velas y ella grita: “¡No! ¡Pagará! ¡Pagará el fuego! ¡Pagará el trueno! ¡Pagará!” Sabe que si le quitan el cinturón con las tres velas no podrá hacer su magia. La quieren sin esa magia. Algo extraño estaba pasando, una situación inusual con otras personas. Se trataba de un asunto burocrático.

Relatos de Familia: Inhóspito

Subo al micro que me lleva al campo. Es un atardecer caluroso, pero el aroma suave que desprende la vegetación es refrescante y ameniza el viaje. Cuando llego, visito a mi tía Leonor que me recibe con amabilidad, la encuentro justo en la puerta, tiene que salir. Nos saludamos y ofrece su casa para hospedarme. Me invita a entrar y puedo ver que tiene una silla de madera a la cual cuida como si fuese una mascota, aunque mi otra tía comentó que no la cuidaba tanto, que la silla sufría. Es una silla de madera que parece de roble, pero está plastificada. Ella encontró esa silla y la plastificó tanto que ahora parece totalmente de plástico. Me muestra que la tiene allí, en su oficina que da a la calle y puedo ver que la silla presenta signos de deterioro. De inmediato recuerdo lo que me había dicho mi otra tía sobre ese cuidado, que “no era tan riguroso”, que “la trataba con desidia”. Estoy fatigada y decido quedarme a descansar, ella me explica detalles sobre la casa antes de acostarme. Pasada la medianoche me levanto para ir al baño, y esa simple acción se torna sumamente incómoda. La cama tiene una altura exacerbada en relación con el piso y debo hacer un esfuerzo enorme para subir o bajar. Los ambientes, distribuidos de manera laberíntica, se encuentran completamente a oscuras, sólo se perciben los bordes del mobiliario gracias a la luz de la luna que se filtra temerosa por los postigos coloniales. Se me dificulta caminar en penumbras y me oriento hasta que llego a prender una luz que tiene siempre apagada. ¡Incluso tiene cerrada la llave del agua! Hay que encender todo; es caótico hospedarme allí: el simple hecho de ir al baño se convierte en una travesía vertiginosa.  No se puede circular de manera sencilla; es necesario subir, atravesar un espacio extraño y de difícil acceso.  Una vez en el baño, noto que la casa parece encontrarse en un lugar inhóspito, como si estuviese construida sobre un árbol. Al mirar hacia abajo, puedo divisar el gran parque solitario, ahora lejano. Ella permite que me aloje allí y, aunque no comprendo el motivo de mi presencia en ese lugar, sigo quedándome. Me apena sobremanera la silla; siento que es importante, como si tuviese vida, semejante a una mascota, ¡y ella no la cuida!

 Relatos de Familia: El Maíz

Estoy de visita en la casa de campo. Es tarde en la noche, me retiro a descansar porque tengo ocupaciones para mañana. Mientras me despido de mi tía Noemí, veo que entra a mi cuarto y coloca sobre la cama una araña gigante, grande como dos manos; se asemeja a un “alien” o a un alacrán. Siento el corazón agitado y un leve temblor en las manos. Le digo: “¡Hay que sacarla, me da miedo! Ella lo toma de manera natural, como si no pasara nada, incluso como si fuese un regalo. Entre sorprendida y asustada, exclamo: “¡No! ¡No puedo dormir si está eso ahí, lo tengo que sacar!”. Acusa recibo y colabora en retirarla, luego se va. Al quedarme sola en el cuarto, noto que el marido de mi otra tía se mueve de manera misteriosa y realiza prácticas nocturnas que provocan la presencia recurrente de la araña; algo así como un hechizo. Llamo a mi tía y le aviso que alguien coloca esos maíces sobre la cama; por eso la araña se acerca a comer. La pongo al tanto de que había descubierto al responsable, viéndolo acercarse en las sombras nocturnas. De un momento a otro la escena se transforma y me encuentro sosteniendo los maíces, colocándolos sobre la cama, hipnotizada. Utilizo una cuchara, la misma con la que sirvo el té, y advierto que estoy siendo manipulada. Intento luchar en la oscuridad pidiendo ayuda. Un hombre aparece frente a la puerta de mi habitación, parece ir al baño; no lo conozco ni sé qué hace en la casa. Es alto y musculoso, parecido a mi primo, pero más grande y robusto. Solicito que me socorra, porque desperté del sonambulismo y comprendí lo que estaba pasando. Me aterrorizaba pensar que el marido de mi tía lo había intencionado.

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https://cuentaartes.org/edicion-14-estelar/

 


 

Sobre la autora

Lucrecia Matnez Peressi

Lucrecia Matnez Peressi es artista visual y docente argentina. Su práctica investiga el cruce entre pintura, narrativa y experiencia lúdica, desarrollando proyectos participativos donde el público se convierte en creador activo explorando el vínculo entre imagen, relato y territorio. Es autora del cuento Las Luminarias del Templo Azul y creadora del proyecto Laberinto Ecológico, una obra–experiencia de exploración creativa. Se graduó como “Maestra Nacional de Dibujo”, Esc. Nac. de Bellas Artes “Manuel Belgrano” y “Profesora Nacional de Pintura”, Esc. Nac. de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”. Realizó los siguientes cursos: Posgrado en “Gestión del Patrimonio Cultural Inmaterial” Universidad Nacional de Córdoba; Seminario “Entre la fantasía y el conflicto”, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Dr. Luciano Lutereau, Letras del Sur; “Escritura Creativa”, Dra. Elsa Drucaroff, Letras del Sur. Trabaja con óleo, dibujo e instalación, explorando el vínculo entre imagen, relato y territorio. Ha publicado la nota “Evolución y PCI” en URBANIA, revista latinoamericana de arqueología e historia de las ciudades. Ha realizado exposiciones en Galería “espacio T”, Mención especial a Reserva Ecológica, 2024. XIV Salón Homenaje a la Mujer SAAP, Salón de los Pasos Perdidos UBA, 2023. “1º Salón de Retratos y Autorretratos”, UCEMA, Espacio de Arte, 2019.

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