Federico Cantini El artesano que talla la Fe en madera
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Federico Cantini: El artesano que talla la Fe en madera

El artista rosarino cranea ideas todo el tiempo; es un sub-35 ATR (como le puso a su galería) dibuja, talla o moldea sobre hojas, madera o barro. Todo con la vorágine del “A Todo Ritmo”. Viaja de Rosario a Buenos Aires, y en ese ir y venir recolecta materiales de la poda urbana y los retrabaja para “tallar la Fe” con el otro. En diálogo con el polifacético artista, repasamos sus obras, su lazo intimo con el oficio del artesano y sus muestras mas recientes.

Por Álvaro Javier Marrocco

En su casa-taller-galería llamada “Jamaica ATR”, (hoy en día) en Francia al 200, de la ciudad de Rosario, Argentina; Federico Cantini produce, piensa y gestiona, viaja mucho a Buenos Aires porque hace ocho años que trabaja con la Galería Pasto, (lo representan). Federico rememora que a él le sirvió empezar a trabajar en Buenos Aires de muy pendejo; empezó trabajando como montajista, paso por varias instancias de formación. La instancia comercial llegó luego de varias juntadas con amigos, y de pensar en formar parte de una escena. “En Rosario, el MACRO estaba parado durante el COVID19”, dice y agrega “El único museo que estaba activo era el Marc, por la gestión de Pablo Montini”. En el año 2021, al no haber convocatoria a salones, gestionaron desde “Galería Jamaica” con ayuda de “Galería Pasto” de Buenos Aires, un salón nacional con artistas de Argentina y con un prestigioso jurado. En una entrevista a un medio gráfico dijo: “Lo que me motiva es mi deseo de escuchar a artistas, de trabajar con artistas, de ver muestras. La mayoría de las muestras que hago es porque las quiero ver. Hay una intención noble, pero también reconozco una intención egoísta de: a mí me gusta esto, quiero ver esto”.

El paciente trabajo del tallado

La escultura es la técnica que más lo mueve en este momento. “La escultura tiene una tradición y algo de lo atemporal que se sostiene en el tiempo, es un registro histórico de una época y una generación” comenta Cantini, Luego agrega: “Tengo un tío ya fallecido, Ovidio Vivas, que fue maestro artesano, y el valor del oficio es algo muy presente para mí. En ese proceso descubrí que hay algo fundamental en el hacer: en la conexión con el material, en el tiempo que se le dedica, en el diálogo con la madera. Uno parte de una idea, pero la madera siempre la modifica; hay un ida y vuelta constante. En ese silencio, además, uno va aprendiendo”. Termina: “Ese hacer con las manos: partir desde lo conceptual, pero darle un lugar central a la mano, al tiempo y al trabajo paciente de tallado. Son procesos largos, con múltiples etapas, llenos de idas y vueltas”. Finalmente cierra: “Me parecía importante llevar esta dimensión al contexto del arte contemporáneo: hacer visible ese tiempo de diálogo con el material, esa contemplación, ese silencio y esa fe que implica el hacer artesanal, en contraste con otras formas de producción más centradas en lo puramente cerebral”.

HOY en Galería PASTO

La obra que presentó Cantini en la Galería Pasto el año pasado se tituló *Hoy*, y consistió en una serie de bajorrelieves realizados en maderas de ciprés, ficus y álamo. Son materiales que recoge de la poda urbana y que trabaja partiendo del tronco, utilizando distintas herramientas que van desde la motosierra hasta el Dremel y la lija más fina. “En la muestra presenté entre siete y ocho relieves, junto con una escultura de piso. La exposición porque me interesaba pensar en la imposibilidad del presente: el pasado está hecho de “hoyes” que dejaron de serlo”, comenta el artista.

“Las escenas que trazo parten de vivencias propias, de experiencias y momentos autorreferenciales. Sin embargo, mi intención es trascender la anécdota de lo personal. Me interesa trabajar con situaciones en las que cualquier persona, por más distinta que sea su vida de la mía, pueda reconocerse. Creo que existen ciertas imágenes capaces de transmitir algo común, algo que todos, en algún punto, hemos vivido o sentido. Hay, para mí, imágenes universales que nos conectan y remiten a una experiencia compartida. En estas piezas busco representar escenas que entiendo como escultóricas, y que, a la vez, puedan transmitir una emoción que se perciba más en el pecho que en la cabeza”, finaliza.

La muestra Yo adivino el parpadeoen Malva Puertos

Federico Cantini ha recorrido con versatilidad e intuición varios lenguajes a lo largo de su carrera como artista. En sus anteriores proyectos se puede destacar la instalación titulada *Yo adivino el parpadeo*. Expuesta en varias galerías y museos, que surge a partir de una convocatoria de Mueble Escultura. Allí presentó una continuidad de un trabajo que desarrolla hace más de diez años.

“En esta serie, a partir de la intervención de columnas de alumbrado público, busco dotarlas de una sensibilidad —quizás poética, quizás romántica— que contrasta con su diseño original: objetos pensados para mantenerse equidistantes, rectos, erguidos e inmutables. Me interesa indagar en cómo, para que un ser o una entidad pueda acercarse a otra, debe resignar parte de esa función rígida, más fría y calculada para la que fue concebida. En ese gesto aparece una analogía con los vínculos humanos: en el encuentro con el otro, también nosotros cedemos algo de esa dimensión más estructurada para habilitar una cercanía más afectiva”, señala el escultor. Luego agrega: “La pieza presentada fue una lámpara: una columna de alumbrado público que se pliega sobre sí misma hasta transformarse en un banco, similar a los de plaza. Es un objeto que invita al uso —sentarse, apoyarse, descansar— pero, sobre todo, a propiciar un momento de encuentro, de conversación, de estar con otros”.

Este año participaste en la exposición titulada «El orden imposible del mundo» curada por Francisco Lemus en Fundación Proa, (tengo entendido que finalizó en marzo) ¿Cómo fue la experiencia y de que trataba tu trabajo?

La muestra *El orden imposible del mundo*, curada por Francisco Lemus en Fundación Proa —con una sección también a cargo de Diego Bianchi—, se estructuró a partir de obras pertenecientes a distintas colecciones.

En este caso, mi participación fue indirecta: la obra ya formaba parte de una colección privada y fue incluida en la exposición por decisión curatorial. No hubo una instancia de trabajo conjunto ni de desarrollo específico para el proyecto, por lo que mi experiencia se limitó a ver la obra ya instalada en sala.

Durante febrero de 2025 y 2026, brindaste un taller de escultura «Vivir en el intento | Escultura y Fe» en la Casa Vanzo Wernicke de Rosario. ¿Contanos como fue la experiencia?

En febrero de 2016 dicté por primera vez un taller de escultura, al que llamé *Vivir en el intento*. También lo pensaba como una “sala de escultura y fe”, porque, para mí, el hacer artístico y el habitar la cultura tienen mucho de eso: de un acto de fe, de una militancia del intento.

Se trata de confiar en que lo que uno desea puede suceder; de animarse a perderle el respeto a los materiales para, justamente, acercarse a su sensibilidad. Cuando uno deja de ver el material como algo intocable, se habilita un verdadero diálogo con él. Y cuando deja de decir “no puedo”, empieza a descubrir posibilidades que antes no imaginaba. Es, de algún modo, un ejercicio de apertura hacia nuevas experiencias y aprendizajes.

El taller se desarrolló en cuatro encuentros y no estuvo orientado a la producción de obras finales, sino a la experiencia del hacer: ejercicios que consistían en intentar algo que parecía imposible, realizarlo, desarmarlo, volver a hacerlo y repetirlo en menos tiempo. Un aprendizaje basado en el hacer y el deshacer, sin la presión de un resultado terminado.

Valoro profundamente ese proceso. Creo que ahí reside una de las dimensiones más enriquecedoras del trabajo artístico: en ese diálogo íntimo entre uno y el material. Luego aparece otra instancia, la del encuentro con el espectador, pero lo que me interesaba transmitir en el taller era justamente ese primer vínculo.

Fue una experiencia muy enriquecedora y gratificante. Me sorprendió el entusiasmo de quienes participaron: a pesar de que las clases eran largas, muchos se quedaban incluso más tiempo. Era un taller que venía pensando desde hacía mucho, pero que no me animaba a realizar por mi cuenta.

Finalmente lo desarrollé junto a Casa Banzo, que acompañó el proyecto con mucho compromiso. El taller fue gratuito para los participantes gracias a un apoyo institucional, lo que permitió que más personas pudieran acceder a la experiencia.

Federico Cantini es versátil, le gusta resolver sobre la marcha, le gusta la intención, más allá de la destreza. Dice que “cada muestra es un aprendizaje, una marca”. Es uno de esos artistas que puede ser solo en el arte, aunque sepa que su destino es lo comunitario. Constructor nato y narrador de su propia piel, sus gestos se aploman en un sopor de insoportable tensión, lleno de incertidumbre y de extraña fe.

Bio

Federico Cantini se educó en la Universidad Nacional de Rosario en la carrera de Bellas Artes y completó su formación en clínicas de arte con Rafael Cippolini, Ernesto Ballesteros, Andrés Labake y Diego Bianchi. En 2015 integró el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato di Tella. Realizó exposiciones individuales en diversas galerías y centros culturales de Rosario y Buenos Aires, entre las que se destacan Pasto, Isla Flotante, Centro Cultural Recoleta, Centro cultural Haroldo Conti y Fundación Andreani.


Álvaro Javier Marrocco es Licenciado en Periodismo (UNR). Ha trabajado en el suplemento de Cultura del diario La Capital de Rosario; El Litoral de Santa Fe y Mirador Provincial. Ha escrito en diversos medios digitales de Chile, México y España. Se especializa en Literatura y Artes Plásticas.

www.linkedin.com/in/alvaro-marrocco-60039239b

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