Por: Mijail Otárola Bravo
Sí, en el encore hay escenas adicionales post-créditos y una ligera extensión del final que francamente estropean un poco el peso que tenía toda la película como final absoluto de una megafranquicia, pero al menos no es la versión definitiva, está ahí como curiosidad e incentivo para Doomsday —que francamente no tengo muchos ánimos de ir a ver— . Mi motivación para verla fue que no me perdería por nada la obra cumbre de Marvel en el cine. Y verla en cines, y tras un primer recorrido del UCM, fue a su vez motivación para escribir sobre ella.
No hay dudas que Marvel logró acabar por lo alto. Como dije en un comentario de Infinity War: ninguna película de Marvel es perfecta, pero ofrecen cosas que ninguna otra película puede, pues no solo es un formidable espectáculo sino una excelente construcción de un universo cinematográfico que permite un saludable fan service… End Game es la cima de dichas virtudes, y un esfuerzo placentero tanto por parte de Marvel —una larga producción de puros taquillazos— como del espectador —un largo recorrido por 22 películas, geniales en su mayoría— . El arranque nos devuelve al héroe ausente en la anterior entrega, para dotarlo de un arco necesario y funcional, que se corresponderá muy bien con el de black widow —el momento donde ella le dice que no juzga a la gente por lo que hizo lo deja en claro—, y de ahí se «reúne» el equipo para matar — «derrotar» sería incorrecto— a Thanos, el punto más bajo del equipo, pues opciones no tenían. Tras una elipsis de 4 años veremos a lo que queda del equipo (con nuevos miembros) operar casi con inercia —el llanto de Nat y el consuelo de Cap son de gran peso por ello— hasta que nuestro 2do mejor héroe (Ant-Man, después de Luis, digo, de Tony Stark) cobra relevancia absoluta, gracias a una rata, al dar esperanzas de proporciones cuánticas. ¿Qué sigue? Reunir al equipo, sin éxito al principio —la conmovedora presentación de la vida que nunca imaginos que Tony Stark tendría es un seteo excelente—, pero que, tras una bien escrita conversación con Pepper (hay que darle crédito al genial travelling del plano pasando del holograma a la pareja conversando) se pondrá por última vez la armadura.
El plan: viajar al pasado, reunir las gemas del infinito, construir una réplica para usarlas y así reparar el daño (otra vez, un tópico interesante de algunas películas superheróicas: recurrir a un arma cuestionable para salvar al mundo, como la tecnología usada en The Dark Knight para atrapar al guasón) y, finalmente, devolver las gemas. Ahora, la reunión del equipo, es genuina y se completa al son de The Kinks, que encabeza la lista de mejores needle drops del UCM. ¿Escenas de acción? Casi ninguna, la ejecución de Tanos es todo menos espectacular. Prácticamente todo se basa en seteos y hangout, y aún así se pasa volando una hora de película.
La película tiene un nudo principal —derrotar a Tanos—, pero dicha confrontación es implícita, y por ende una hora de búsqueda de las gemas podría afectar seriamente el ritmo y concisión de esto, así que aplaudo la jugada de los hermanos Russo: confrontar, una vez más, a sus héroes con sus traumas, en proporciones adecuadas, sin prescindir de excelentes chistes —»Por lo que a mí respecta, ese es el trasero de América»— y sin dejar de tener importancia narrativa —las gemas— . Dentro de todo, claramente lo mejor es la interacción de Tony con su padre, no solo por que es la más delicada —y Civil War puso su grano de arena al respecto— , sino porque Robert Downey Jr. es el mejor actor de dicho grupo, aunque Cap viendo a Carter desde una ventana no se queda tan atrás. Lo que sí es un acierto es Clint y Nat buscando la gema del alma —azar que solo gente aburrida llamaría «guionazo»— , pues ambos arrastran —Black widow desde siempre, Hawkeye desde la elipsis— conflictos de su pasado, a diferencia de los demás, que parecen poder vivir con ello; principalmente resalta Nat y su existencia vinculada a Shield y a su urgencia de redención, por lo que es perfectamente lógico el desenlace. Este montaje paralelo entre viajes, podría generar desequilibrios entre sus desarrollos, siendo War Machine y Nébula potenciales puntos flojos, sin embargo, su segmento es un éxito gracias a su corta duración, su excelente humor —todo lo relacionado a Star Lord— y, principalmente, por su importancia respecto a la trama, pues será el mal engranaje que dará paso a la confrontación final.
Tras concluir semejante inicio y nudo, llegamos al desenlace. La gran batalla que decidirá el destino del universo, vista miles de veces en muchísimas películas desde los años noventa, pero nunca con la espectacularidad ni el vasto —por cantidad— peso emocional que hayamos aquí, pues aunque Thanos se entera del plan ideado por los vengadores, estos ya lograron recuperar las vidas deshechas 4 años atrás, y en consecuencia, se permite el lujo de tener su momento «The Return of the King» cuando los portales de Strange y compañía no solo permiten traer de vuelta a todos los personajes que hacían falta aquí, sino que se realiza con un timing perfecto: inmediatamente después de una inminente derrota, pues claro: el equipo no estaba completo. Y prácticamente ese es el nudo naive, pero coherente con su universo, con el que se viene enfrentando el equipo desde su primer encuentro con Loki: la desunión. Los lazos entre colegas y amigos son lo que impedirá el fin del mundo. El CGI es una locura que verla en pantalla grande no tiene precio, y la cereza del pastel es concluir el arco del héroe que lo inició todo: Tony Stark. Es una decisión emocionantísima porque es, ciertamente, el mejor personaje que pudieron crear: las matices que le dieron Joe Favreau y Shane Black —aprovecho para reivindicar la maltratada y genial tercera entrega de Iron Man— construyeron a un personaje para la posteridad, profundamente defectuoso —desde sus inicios, o incluso desde su herencia familiar— , pero infinitamente cool y carismático, por lo que es valiente la decisión de que su vida, que inició financiando ejércitos —guerras— , termine con la inmolación. La toma larga del funeral es quizá lo más acongojante que Marvel hizo en todo este recorrido, y castear hasta actores como el que interpreta al icónico niño de Iron-Man 3 solo demuestra el profundo cariño y detallismo con el que se despiden del héroe… y de los fans incondicionales que construyeron visionado a visionado un lazo sólido cual vivarium con la mejor y más importante mega franquicia de la historia de cine. Por eso significa mucho que, en el estreno de hace 7 años, no hayan escenas post-créditos, ni nada por el estilo. La conclusión original es poderosa por ponerle punto final a esa odisea, pues era obvio que de semejante recorrido nada estaría a la altura, y, lamentablemente, así fue. Los ejecutivos de Marvel no parecieron entender que el éxito tanto en crítica como de público de sus primeras 22 entregas fue gracias a una construcción paciente y meticulosa de un colosal universo cinematográfico, que contrasta muchísimo con la situación actual de su cine, que parece una suerte de «cocinar con las sobras».