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La jerarquía invertida en “Metamorfosis” – Kafka adaptado al teatro

La jerarquía invertida en “Metamorfosis” – Kafka adaptado al teatro

Por: Aarón Alva

Toda adaptación teatral de un clásico literario conlleva un riesgo contemporáneo para quien ose transmutar el registro escrito y revivirlo en tablas escénicas. No solo brota el peligro de maniobrar con naturalezas concebidas a profundidad por tal o cual genio creador, sino de adaptar con coherencia y, sobre todo, sin descuidar la ética y estética moderna, algo producido más de un siglo atrás. Esta semana asistimos a la función de Metamorfosis, adaptación de la perpetua novela de Franz Kafka, ofrecida por la compañía teatral “Los asombrosos sombreros” e “IO”, bajo la dirección de Francisco Cabrera, y podemos decir que la poética kafkiana intoxicó con crédito, dureza y solvencia el auditorio Ricardo Palma en Miraflores.

No es casualidad —ni gratuidad— que de la obra de Kafka se desprenda todavía un modelo de absurdo contemporáneo en su bien ganada inmortalidad, labrada más de un siglo atrás. Por el contrario, el mundo de hoy y su velocidad desvergonzada hacen del montón de engranajes a los que encaramarse por la subsistencia y el éxito, un terreno deshidratado de oportunidades para gran parte de la población. Aquella Metamorfosis kafkiana presenta en Gregor Samsa una especie de verticalidad invertida de la jerarquía condenada al fracaso o la repetición fatigosa en la clase media. Una familia dirigida por un padre explotador y abusivo; un hijo —Gregor— condenado a echarse al lomo el trabajo extenuante, hasta que repentinamente toma la forma de un insecto, al que padre, madre e hija deben alimentar, invirtiéndose así el rol de soporte económico a tragedia viviente. El orden vertical en que se maneja la familia, aparentemente rentable, empieza a desmoronarse cuando la desgracia transmuta el cuerpo de Gregor. No queda otra que mantener al hijo insecto, lo cual tensiona y desestabiliza sentimientos supuestamente infalibles como el amor de madre y la fraternidad. Es entonces que el resto de la familia reconoce su propia metamorfosis hacia cuerpos indistinguibles, condenados a trabajar en opciones dictaminadas por el salvajismo de una sociedad tan invisible como viciosa y corrupta. Son, entonces, los problemas, los “males”, quienes encabezan finalmente la jerarquía en la familia venida a menos.

Todo ello está bien reflejado no solo en la actuación, sino también en la cuidada escenografía; la habitación de Gregor se ubica en un “segundo piso”, en el nivel de arriba, disposición que refuerza el subtexto de la obra. Por su parte, la iluminación y el sonido juegan también un rol capital. Del mismo modo, resalta el buen ojo del director para el casting, pues cada actor, sea por su fisonomía o el disfraz escénico con que camufla su propia personalidad, se fija en el ojo del espectador como una pieza a la medida de cada personaje.

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Fotografía: Prensa de “Los asombrosos sombreros”

Asimismo, si bien la obra es una adaptación de la novela de Kafka, donde prima lo absurdo como destino de la humanidad, se observa una interesante amalgama con la estética de lo grotesco, lo que recuerda, por ejemplo, a la obra teatral La nona del argentino Roberto Cossa, y a la crudeza perturbadoramente sonora y luminosa del director de cine Gaspar Noé. Buen trabajo de Cabrera y su equipo de producción.

Por parte del elenco, destaca el desenvolvimiento escénico y casi gimnástico de Sebastian Stimman en el papel de Gregor Samsa; el esperado regreso teatral de Vanessa Robbiano, como la señora Samsa; Diego Lombardi como el señor Samsa; Daniella Stornaiuolo en el rol de Greta Samsa, y Edgard Arocena en el doble papel del jefe Clerk y el huésped de la familia Samsa. No obstante, el gran nivel actoral, el personaje del señor Samsa (papá de Gregor) se percibe un tanto plano; es decir, muy “malvado” casi todo el tiempo, algo falto de dimensión, sin que esto, por supuesto, afecte a la obra en su conjunto. Ojo, hablamos del personaje, no de la actuación de Diego Lombardi. Es destacable a su vez el trabajo vocal de los actores, pues la sala Ricardo Palma no es precisamente un lugar dotado de gran acústica teatral; sin embargo, las voces se perciben y el resultado es correcto.

La obra va hasta el próximo lunes 9 de octubre en el Centro cultural Ricardo Palma (Av. Jose Larco 770, Miraflores) los días lunes, viernes y sábados a las 8:00 pm y el domingo a las 7:00 pm. Las entradas pueden adquirirse a S/. 50 en general y a S/. 30 para estudiantes y jubilados, y están a la venta en www.joinnus.com.

 


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