El escritor Gerson Rivera Cisneros (Perú, 1986) publicó varios cuentos, y una novela gráfica con un zorro andino como protagonista. Especializado en literatura infantil, repasamos sus inicios, habla sobre los escritores de su generación y adelanta parte de sus trabajos futuros.
Por Álvaro Javier Marrocco
“El zorro es como un poeta que nunca escribió nada, pero consiguió que una enorme leyenda se tejiera a su alrededor”. Los ojos de un zorro asoman detrás de la mirada del escritor peruano Gerson Rivera Cisneros, quien tiene al zorro andino como protagonista de varias de sus historias. En el 2024 obtuvo el premio Copé Plata por su cuento El Zorro Borracho. El año pasado la biblioteca Nacional de Perú publicó el Libro infantil El zorro de todos los caminos.
Nacido y criado en Querecotillo, distrito y ciudad de la provincia de Sullana, en el departamento de Piura, al norte del Perú. Rivera Cisneros (1986) se crío entre leyendas e historias orales. Su tío Mel, el hermano de su madre solía narrarles sus aventuras, “encuentros con el diablo e historias que había compartido con compañeros de viaje”. Para Gerson escribir para niños y para adultos es lo mismo. La diferencia es que cuando escribe para adultos, se obliga a contener su sensibilidad y a disfrazarla. Gran parte de su producción literaria, “se aferra a las hilachas que me han llegado a través de familiares, profesores, relatos y libros” cierra el escritor.
Con ojos de zorro
El zorro es un elemento que se repite en su literatura, “es el personaje que más ha calado en mí”. Agrega que se debe a todo el imaginario costeño y andino que existe a su alrededor. “Me fascinan su naturaleza mimética, sus capas de fingidor y su capacidad para transformarse”. Luego añade, “Cuando hablo del zorro, pienso en ese zorro casi divino, de presencia juguetona, que recorre el territorio peruano y sudamericano, cambia de forma y aparece siempre donde las fronteras entre lo humano, lo animal y lo sagrado comienzan a confundirse”, cierra Rivera.
Varios autores han tomado como figura central de sus escritos al zorro. Uno de ellos es José María Arguedas quien retoma los zorros míticos en su novela El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971) para mostrar el choque cultural, la modernización de la costa y las migraciones de las comunidades hacia las urbes industriales. Gerson dice sobre Arguedas “Ocupa otro lugar en mi experiencia. A él leo por placer. No me permite acercarme con la pretensión de desmontar sus mecanismos: frente a su escritura, soy inútil, y agradezco serlo”. Otra novelista peruana es Cucha Del Águila quien se enfoca en la tradición oral y la literatura infantil para su cuento ilustrado El zorro que devoró la nube. Casi como ese primer encuentro con la literatura oral, a través de su tío Mel.
Literatura infantil
“Suelo obsesionarme con el sonido y pasar horas buscando una frase que se acerque al ideal. Reescribo, espero y vuelvo a reescribir” comenta Gerson, al referirse a los procesos de escritura. Críticamente enuncia: “creo que lo que he publicado —apenas un libro y un par de cuentos incluidos en textos escolares— forma parte de aquello de lo que más me arrepiento”. Luego analiza: “Lo solté demasiado rápido: debí pensar más en mis lectores y trabajar mejor el acercamiento entre la sensación que deseaba transmitir y la que realmente quedó plasmada”. Finalmente cierra: “soy muy feliz cuando considero que un párrafo funciona. Quizá por eso escribo tan poco o abandono durante tanto tiempo las cosas que escribo”.
En otra parte de la charla comenta que no comparte la idea de que los libros infantiles deban prescindir de un propósito pedagógico; sin embargo, añade que tampoco creé que ese deba ser su único fin. “Para mí, ante todo, son objetos de disfrute, entretenimiento y posibilidad: permiten vivir otras vidas, explorar otros mundos, conocer distintas formas de mirar y abrir espacios de diálogo”.
Cómo referencias de la literatura infantil peruana, destaca a Carlota Carvallo y Gabriela Cremer; entre las contemporáneas, a Isabel Córdova, Karina de la Vega, Vicky Canales y Micaela Chirif.
Premiaciones
Rivera Cisneros cuenta que al ser elegido por La Biblioteca Nacional del Perú por su novela gráfica El zorro de todos los caminos, él se encuentra con que su obra “Cumplía con las características del proyecto y finalmente fue seleccionado para publicarse”. Parte de la solicitud era construir la peruanidad. La idea inicial —no sé si se habrá logrado; como autor no podría afirmarlo— era mostrar que todos somos, de una u otra manera, migrantes y que los vínculos que construimos como comunidad responden a algo más profundo que la pertenencia a un territorio.
El zorro de todos los caminos narra el viaje de Atoq, un joven zorro que abandona su manada para buscar la tierra abundante en la que, según las historias, vivieron sus antepasados. Durante su recorrido por la costa, los Andes y la Amazonía, conoce distintas maneras de convivir, compartir y cuidar a los demás.
El premio Copé Plata con su cuento El zorro borracho llegó en un momento muy difícil de su vida: “había perdido a mi esposa algunos meses antes. Por eso, su significado tuvo que abrirse paso entre un denso desprecio por la vida y la necesidad de continuar siendo padre. Terminó convirtiéndose en un homenaje para mi esposa, en un regalo para mi hijo y, para mí, en una certeza sobre la relatividad de las cosas”.
El zorro borracho cuenta la historia de un padre que descubre que las heridas y cicatrices de su cuerpo aparecen también en el de su pequeño hijo. Su suegro, conocedor de antiguos rituales andinos, interpreta que ambos comparten una misma alma y que su convivencia pone en riesgo sus vidas. Para resolverlo, la familia se entrega a una ceremonia en la que un diminuto hueso con forma de zorro deberá escoger quién continúa viviendo.
¿Qué autores jóvenes leès y consideras que tienen proyección nacional e internacional?
Considero que Cristhian Briceño es uno de los narradores peruanos más destacados de los últimos años. También escribe poesía, donde resulta acertado incluso desde cierta incorrección; en narrativa, en cambio, se permite ser más intuitivo y visceral.
Stuart Flores es otro escritor que debería estar siempre en las ferias internacionales. Es un narrador de oficio que escarba con paciencia y ahínco en las construcciones sociales para encontrar aquello que no vemos hasta que alguien lo nombra.
En poesía, Emilia Chávez me ha dejado envidiando su dolor, o el de la voz que construye. Lo digo por esa pretensión propia de todo creador de querer experimentarlo todo. Sin embargo, hay una poesía que apenas te permite contemplar una experiencia y luego te aparta, como si te advirtiera que existe una distancia que nunca podrás vencer.
María Belén Milla Altabás, por otro lado, es una poeta que me recuerda a Varela o a Eielson. Me parece que percibe la relación armónica entre las palabras y las imágenes y que, como ellos, explota la metáfora de manera magistral.
Mercado editorial peruano
Rivera Cisneros conoce el paño de la industria editorial desde adentro. Trabajó en la editorial Santillana, donde controló la conversión de catálogos impresos a e-books, coordinó estrategias de fidelización de clientes y administró servicios en línea orientados al fomento de la lectura. “Algunas editoriales independientes hacen verdadera magia: rescatan textos olvidados pero necesarios, cuidan sus publicaciones y dan espacio a escritores luminosos que todavía están construyendo su obra. Sin embargo, otras terminan reproduciendo las mismas prácticas abusivas de las grandes editoriales”.
Paso más de ocho años como Corrector de Estilo en el Ministerio de Educación (Minedu). Esa experiencia le permitió prestar servicios de forma independiente en la edición, diseño y corrección de libros electrónicos para diversas instituciones. Hoy en día trabaja como editor en la Biblioteca Nacional del Perú.
¿Qué permanece en la nueva literatura peruana de la obra de autores clásicos como Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique? ¿Qué novelas te han marcado de ellos?
A estos autores los leí principalmente en la universidad y después los he releído de manera insuficiente. Vuelvo a algunos cuentos de Bryce y Ribeyro para explorar sus mecanismos narrativos más que por puro disfrute, lo cual es un poco penoso y habla mal de mí como lector. No obstante, considero que La guerra del fin del mundo es la novela que más me ha marcado, especialmente por la construcción de sus personajes y de la colectividad. Es una obra que deseo volver a leer, esta vez únicamente por placer.
Respecto de los nuevos escritores, creo que la tradición permanece menos como una herencia obediente que como un conjunto de problemas, procedimientos y voces con los que cada generación discute, incluso cuando intenta alejarse de ellos.
¿Qué autoras peruanas lees? ¿Cómo ves la literatura hecha por mujeres en tu país y en Latinoamérica?
Estoy leyendo a Julia Wong, Pilar Dughi, Blanca Varela, Emilia Chávez, Valeria Román, Noraya Ccoyure y Marita Yrigoyen. En este momento, leo mucha poesía escrita por mujeres, quedo cautivado y necesito buscar más. Respecto de las literaturas, me resulta difícil hablar de una sola, porque reúne experiencias, tradiciones y propuestas muy diversas. Sin embargo, percibo en muchas de estas autoras una capacidad para nombrar experiencias y violencias que durante mucho tiempo fueron relegadas o narradas desde fuera. No creo que conformen una corriente homogénea, pero sí han ampliado de manera decisiva las voces, los cuerpos y las formas de entender la literatura peruana y latinoamericana.
¿En qué producción literaria estás trabajando en este 2026?
Estoy trabajando en un libro sobre animales peruanos y las razones por las que quisiéramos parecernos a cada uno de ellos. También preparo otro libro acerca de los distintos tipos de familia que existen. Paralelamente, estoy cerrando un poemario sobre el duelo.