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Reseña de “Este frágil tiempo presente”, de Adán Calatayud

Por: Aarón Alva

Escribir en el Perú sobre la dimensión del conflicto armado ocurrido a fines del siglo pasado, tiene todavía ciertas voces que atienden tal periodo y sus consecuencias. Recientemente leí “Este frágil tiempo presente”, obra de Adán Calatayud, publicada por editorial Narrar, que se aboca a este tópico desde una perspectiva ajena a la acción violenta y configura su universo con el tiempo narrativo como principal elemento técnico para plantear su idea global.

El libro consta de tres cuentos, cuyos personajes tienen como epicentro la periferia norte de Lima, escenario donde algunos de ellos crecieron, luego partieron y finalmente regresan no solo en busca de otros personajes, sino al encuentro de una versión de ciertos hechos, que no siempre se emparentan con la versión “oficial”. En el primer cuento, por ejemplo, observamos el viaje de Leonor, quien desde Japón ha vuelto en busca de su hermano, presuntamente adherido a las filas de un grupo guerrillero. Las versiones confrontadas entre quienes lo conocieron, terminan creando en Leonor una sensación de aún más profundo vacío e incertidumbre respecto al paradero de su familiar. El narrador, quien acompaña a Leonor en esta búsqueda, dice:

“Cuando Leo vuelve a aquellos años para recordar a su hermano o su familia, trato de decir lo mínimo; ella debe recorrer sola ese camino. Si soy parte de la anécdota, me animo a precisar lugares, tiempos, apuntes mínimos que le sirvan para completar el rompecabezas que viene armando desde hace mucho.”

Dicho rompecabezas se presenta como alma del libro, incluso desde su título. ¿Por qué sería frágil el tiempo presente sino es por los pisos nada sólidos de un pasado que aún parece fragmentar todavía más a una sociedad que no termina de consensuar su postura sobre tal periodo histórico?

“El señor Rojas ha vuelto al Fantasía”, frase con la que abre el último relato, refuerza esa idea a través de aquel sustantivo anti realista. En este texto se aprecia una contraposición de edades, voluntades y visiones, sobre todo en el personaje de Joan (prospecto de activista y quizá guerrillera) y el señor Rojas, quien fue en su tiempo un sindicalista devenido a la debacle de la ludopatía. Es interesante cómo a través del uso del tiempo narrativo, se contraponen dos visiones que parecen ser su reflejo mutuo, simplemente separados por el tiempo, pero tal vez encaminados a encajar en un mismo saco.

Hay un detalle a no dejar pasar en los tres relatos. Y es la presencia del amor trunco, pues este sentimiento es incapaz de brotar no solo en medio de campos minados por la memoria violenta, sino por algo cercano a la obsesión de ciertos pensamientos, entendidos como efectos no causados por sus protagonistas. Las pocas escenas de encuentros amorosos están siempre a un lado de una causa principal, y son en muchos casos encuentros clandestinos y adúlteros. Los personajes que narran su búsqueda del amor, parecen caer en una desesperación tal, que guían su mirada en tiempos muertos, inútiles, acoplándose así a la fragilidad a punto de romperse del presente en el que viven.

Bien, todo ello en cuanto a contenido. Sin embargo, el texto presenta fallas notables en cuanto a construcción de personajes, lenguaje y descripciones. Debo decir que no terminé de enganchar con ninguno de los personajes, pues su construcción termina siendo demasiado superficial y apurada. Sabemos de ellos por lo que oyen, por dónde van, por sus conversaciones, pero no llegan a tocar carne en cuanto a trasfondo psicológico ni espiritual. En cuanto a lenguaje, a excepción de ciertas partes en que el narrador configura el carácter memorial y frágil del tiempo como personaje, no despega de lo funcional, de lo sencillo y directo quizá mal entendido. Si el tema aquí es la memoria, su ambigüedad y su deformación en el tiempo, el lenguaje, como todo poder significante, debe remontar aquella idea básica de la linealidad constructora. Lo mismo ocurre en las descripciones a tiempo real de las escenas. Sobran en demasía. Los elementos musicales se presentan algo forzados y obvios en cuanto a sus letras. Y si hablamos de las descripciones de escenario, el autor falla en su espíritu demasiado apegado a los 90´s, tanto en forma de describir como en los elementos citados, pues estos son capaces de ser percibidos por cualquiera, cuando justamente lo que se espera de un escritor es más agudeza y mostrar componentes no tan visibles a la vista de los ojos comunes.

“Al frente, un terreno sin construir, el patio principal que hace las veces de campo de fútbol y, junto a este, un segundo patio, más pequeño, que también se usa como campo de vóley. Un cerco de ladrillo de dos o tres metros de alto encierra el conjunto, y entre este muro y la zona de edificios, los jardines descuidados.”

“Llega a Huallaga y dobla a la derecha, camina hasta Carabaya, una vez en el cruce decide sentarse en las gradas de la Catedral. En puente Trujillo, en Nicolás de Piérola, en Lampa, en el Mercado Central, en Comas, ha reconocido el mismo caos, la suciedad, la sensación de inseguridad de sus tiempos de estudiante, y ahora esta visión de la plaza Mayor sin vendedores ambulantes, sin saltimbanqui ni lustrabotas, como una postal para turistas, le desagrada.”

En resumen, “Este frágil tiempo presente”, aborda el tema del conflicto armando interno desde una mirada actual, se deja leer, acierta en su propuesta de plantear la memoria y la historia como un punto delicado posiblemente condenado al vacío, pero queda flaco y sin gracia en lenguaje y personajes que no terminan de convencer.

Ficha técnica:

«Este frágil tiempo presente», de Adán Calatayud

Editorial: Narrar

Año 2021

106 páginas

Tapa rústica

 

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